Ahora tenemos la número 5!
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Presentacion de En Voz Alta nº4
Muchas gracias a todos los que escriben, escribieron y escribiran. A todos los que, junto con nosotros, hacen posible que En Voz Alta siga editandose, ya sea acompañando con su presencia en las lecturas, fiestas, etc; o sea mandando sus textos en las convocatorias; o desde el rol que humildemente deseen tomar para el compromiso de llevar adelante esta revista.
La noche de ayer empezo algo asi:
Continuo con algunas lecturas que vamos a ir posteando de a poco a medida que las vayamos recopilando::
Tambien contamos con la presencia de "Cruela", quienes cerraron la noche con un poco de musica:
viernes, 24 de diciembre de 2010
El 28/12 Presentamos el Nº 4 en LA SEDE
La cosa es así: nosotros somos-y-hacemos una revista: EN VOZ ALTA. Y ahora tenemos el número 4 impreso; pero queremos que vos lo tengas y leas. Por eso lo vamos a presentar el martes 28 de diciembre (ya, ahorita, después de la estrepitosa caída del gordo del polo Norte), a las 19.30 en el subsuelo del bar LA SEDE (San Lorenzo esquina Entre Ríos). La entrada es GRATUITA.
Por supuesto que además del último número vamos a estar vendiendo los anteriores, cosa de que te pongas al día si te colgaste. Además va a haber lecturas de invitados y posibilidad de tomarse un porrón o gaseosa, etc.
Acá te dejo la misma información, pero con toda la onda
De paso: feliz navidad y/o lo que sea que festejes esta noche.
Por supuesto que además del último número vamos a estar vendiendo los anteriores, cosa de que te pongas al día si te colgaste. Además va a haber lecturas de invitados y posibilidad de tomarse un porrón o gaseosa, etc.
Acá te dejo la misma información, pero con toda la onda
De paso: feliz navidad y/o lo que sea que festejes esta noche.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Cuento de Navidad - Paulo Coelho
Cuenta una antigua y conocida leyenda que tres cedros habían nacido en lo que alguna vez fueron los hermosos bosques del Líbano. Como todos sabemos, los cedros demoran mucho tiempo en crecer y estos árboles pasaron siglos enteros pensando sobre la vida, la muerte, la naturaleza y los hombres.
Presenciaron la llegada de una expedición de Israel, enviada por Salomón, y más tarde vieron la tierra cubierta de sangre durante las batallas con los asirios. Conocieron a Jezabel y al profeta Elías, enemigos mortales. Asistieron a la creación del alfabeto, y se deslumbraron con las caravanas que pasaban llenas de telas de colores.
Un buen día decidieron conversar sobre el futuro.
-Después de todo lo que he visto -dijo el primer árbol- quiero ser transformado en el trono del rey más poderoso de la tierra.
-A mí me gustaría ser parte de algo que transformara para siempre el Mal en Bien - comentó el segundo.
-Por mi parte querría que cada vez que me vieran pensaran en Dios -fue la respuesta del tercero.
Pasó algún tiempo más y vinieron los leñadores. Los cedros fueron derribados y un barco los transportó lejos.
Cada uno de aquellos árboles tenía un deseo, pero la realidad nunca pregunta qué hacer con los sueños; el primero sirvió para construir un refugio de animales, y las sobras se usaron para apoyar el heno. El segundo árbol se convirtió en una mesa muy simple, que pronto fue vendida a un comerciante de muebles. Como la madera del tercer árbol no encontró compradores, fue cortada y colocada en el almacén de una ciudad grande.
Infelices, ellos se lamentaban: "Nuestra madera era buena, y nadie encontró algo hermoso donde utilizarla."
Pasó algún tiempo más y, en una noche llena de estrellas, un matrimonio que no lograba encontrar refugio decidió pasar la noche en el establo que había sido construido con la madera del primer árbol. La mujer gritaba, con dolores de parto, y terminó dando a luz ahí mismo, y colocó a su hijo entre el heno y la madera que lo apoyaba.
En aquel momento, el primer árbol entendió que su sueño se había cumplido: allí estaba el más importante de todos los reyes de la Tierra.
Años después, en una casa modesta, varios hombres se sentaron a la mesa que había sido construida con la madera del segundo árbol. Uno de ellos, antes que todos comenzaran a comer, dijo algunas palabras sobre el pan y el vino que tenía frente a él.
Y el segundo árbol entendió que, en aquel momento, sustentaba no sólo un cáliz y un pedazo de pan, sino la alianza entre el hombre y la Divinidad.
Al día siguiente, retiraron dos pedazos del tercer cedro, y los colocaron en forma de cruz. Los dejaron botados en un rincón y horas después trajeron a un hombre brutalmente herido, a quién clavaron en aquellos leños. Horrorizado, el cedro lamentó la herencia bárbara que la vida le había dejado.
Antes que tres días pasaran, sin embargo, el tercer árbol entendió su destino: el hombre que ahí estuvo clavado era la luz que todo iluminaba. La cruz hecha con su madera había dejado de ser un símbolo de tortura, para transformarse en señal de victoria.
Como siempre ocurre con los sueños, los tres cedros del Líbano habían cumplido el destino que deseaban - pero no de la manera que imaginaron que sería.
Paulo Coelho

En Voz alta Les desea felices Fiestas
Presenciaron la llegada de una expedición de Israel, enviada por Salomón, y más tarde vieron la tierra cubierta de sangre durante las batallas con los asirios. Conocieron a Jezabel y al profeta Elías, enemigos mortales. Asistieron a la creación del alfabeto, y se deslumbraron con las caravanas que pasaban llenas de telas de colores.
Un buen día decidieron conversar sobre el futuro.
-Después de todo lo que he visto -dijo el primer árbol- quiero ser transformado en el trono del rey más poderoso de la tierra.
-A mí me gustaría ser parte de algo que transformara para siempre el Mal en Bien - comentó el segundo.
-Por mi parte querría que cada vez que me vieran pensaran en Dios -fue la respuesta del tercero.
Pasó algún tiempo más y vinieron los leñadores. Los cedros fueron derribados y un barco los transportó lejos.
Cada uno de aquellos árboles tenía un deseo, pero la realidad nunca pregunta qué hacer con los sueños; el primero sirvió para construir un refugio de animales, y las sobras se usaron para apoyar el heno. El segundo árbol se convirtió en una mesa muy simple, que pronto fue vendida a un comerciante de muebles. Como la madera del tercer árbol no encontró compradores, fue cortada y colocada en el almacén de una ciudad grande.
Infelices, ellos se lamentaban: "Nuestra madera era buena, y nadie encontró algo hermoso donde utilizarla."
Pasó algún tiempo más y, en una noche llena de estrellas, un matrimonio que no lograba encontrar refugio decidió pasar la noche en el establo que había sido construido con la madera del primer árbol. La mujer gritaba, con dolores de parto, y terminó dando a luz ahí mismo, y colocó a su hijo entre el heno y la madera que lo apoyaba.
En aquel momento, el primer árbol entendió que su sueño se había cumplido: allí estaba el más importante de todos los reyes de la Tierra.
Años después, en una casa modesta, varios hombres se sentaron a la mesa que había sido construida con la madera del segundo árbol. Uno de ellos, antes que todos comenzaran a comer, dijo algunas palabras sobre el pan y el vino que tenía frente a él.
Y el segundo árbol entendió que, en aquel momento, sustentaba no sólo un cáliz y un pedazo de pan, sino la alianza entre el hombre y la Divinidad.
Al día siguiente, retiraron dos pedazos del tercer cedro, y los colocaron en forma de cruz. Los dejaron botados en un rincón y horas después trajeron a un hombre brutalmente herido, a quién clavaron en aquellos leños. Horrorizado, el cedro lamentó la herencia bárbara que la vida le había dejado.
Antes que tres días pasaran, sin embargo, el tercer árbol entendió su destino: el hombre que ahí estuvo clavado era la luz que todo iluminaba. La cruz hecha con su madera había dejado de ser un símbolo de tortura, para transformarse en señal de victoria.
Como siempre ocurre con los sueños, los tres cedros del Líbano habían cumplido el destino que deseaban - pero no de la manera que imaginaron que sería.
Paulo Coelho
En Voz alta Les desea felices Fiestas
domingo, 24 de octubre de 2010
De Manzanas - Rock de Rosario
lunes, 6 de septiembre de 2010
Cultura Etérea
Gente, los amigos de Cultura Etérea están estrenando el nuevo rostro de su sitio y queremos invitarlos a que recorran y frecuenten esta publicación.
Esta revista online made in Rosario tiene cuatro años de trayectoria y está vinculada en más de una manera con el espíritu que mueve a En Voz Alta. Seguro encontrarán más de una cosa que les resulte interesante y copada.
Esta revista online made in Rosario tiene cuatro años de trayectoria y está vinculada en más de una manera con el espíritu que mueve a En Voz Alta. Seguro encontrarán más de una cosa que les resulte interesante y copada.
martes, 24 de agosto de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
GERCHUNOFF, GOLDMAN Y EL BICENTENARIO
Gente, decidimos publicar este texto que uno de nuestros mas fieles lectores nos mando al mail.Juan, quién alguna vez supo participar del proyecto autogestivo de la revista, reflexiono sobre el bicentenario y nos dejo esto:
GERCHUNOFF, GOLDMAN
Y EL BICENTENARIO
El escritor ucraniano por nacimiento y argentino por sentimiento, Alberto Gerchunoff publicó en 1910 su clásico Los gauchos judíos, un libro escrito en tono autobiográfico que propone una serie de relatos y estampas a veces un tanto idílicas, a veces no tanto, basadas en las vivencias infantiles y adolescentes del autor en Colonia Rajil, población de inmigrantes judíos afincados en Entre Ríos hacia fines del siglo XIX. La exaltación del primer centenario de la Revolución de Mayo es explicitada en el comienzo de la obra cuando el autor define al Himno Nacional Argentino como cántico de los cánticos y a la revolución de 1810 como pascua de liberación, ensayando una particular simbiosis entre el patriotismo criollo y las tradiciones de sus mayores, fusión ya sugerida en el título del mismo libro.
En una de estas narraciones -¿ficción o hecho real?- que más se alejan del canto optimista a la integración de los judíos en tierra argentina, Gerchunoff nos cuenta como el matarife Rabí Abraham, colono de Rajil, es injustamente acusado de robarle un caballo al propietario de una “reducida estanzuela” llamado Brígido Cruz, hombre terco que está convencido de la culpabilidad de Rabí Abraham. El matarife debe enfrentar también el prejuicio de un anónimo jefe político de Villaguay, “amigo del ministro”, quien también lo cree culpable. El texto, precisamente llamado Historia de un caballo robado, y de cuyo argumento no daremos más precisiones porque no es nuestro propósito hacer un resumen de algo que se puede leer placenteramente, finaliza con una referencia -sin llamarlo por su nombre- al antisemitismo. Dice Gerchunoff que a partir de esta desagradable experiencia, Rabí Abraham está vislumbrando el “comienzo de un período nuevo, que trasplanta al suelo argentino el juicio eterno sobre los hebreos”. Aun así, permitiéndose el optimismo dirá también nuestro escritor: “Yo quiero creer, sin embargo, que no siempre ha de ser así, y los hijos de mis hijos podrán oír, en el segundo centenario de la República, el elogio de próceres hebreos, hecho después del católico Tedeum, bajo las bóvedas santas de la catedral...”
Ya se ha consumado el famoso Bicentenario y el sueño de Gerchunoff se ha cumplido en parte, no en la Catedral de Buenos Aires sino en la Basílica de Luján, con el Tedéum ecuménico convocado por el gobierno nacional en ocasión de los festejos. Al respecto, queremos detenernos en la oración pronunciada en aquella ocasión por el rabino Daniel Goldman, quien aludió a algunos próceres hebreos no previstos por el autor de Los gauchos... -también nombrados en la oración- tales como el propio Gerchunoff, César Tiempo -poeta también ucraniano-argentino cuyo verdadero nombre era Israel Zeitlin- y César Milstein. Así, Goldman incluyó en la oración a nuestros pueblos originarios, a los padres de la patria, a los obreros muertos en la Semana Trágica de enero de 1919 -el retrato de Hipólito Yrigoyen habrá temblado en la Galería de los Patriotas fundada en la Casa Rosada para estas mismas fechas mayas-, a los desaparecidos y los soldados de Malvinas y a las víctimas de la Embajada de Israel y de la AMIA, amén de los anónimos pobres y excluidos. En ese sentido, la oración del rabino superó con creces las expectativas ecuménicas de un Gerchunoff que tal vez esperara las menciones de Moisés, los profetas bíblicos o Rabí Hillel.
No faltarán suspicaces respecto de la actitud que hubiera seguido Gerchunoff en caso de haber vivido estos tiempos, dados los ideales socialistas que se dice, profesó en su juventud, su filiación Demócrata Progresista de la madurez y su lejanía respecto de un peronismo al cual llegó a conocer -falleció en marzo de 1950, sin llegar a vivir otro centenario ilustre: el de la muerte de José de San Martín-. ¿Habría sido nuestro autor ajeno al Tedéum del kirchnerismo y hubiera preferido presentarse en el Tedéum opositor celebrado en la catedral porteña, engalanado por la presencia de algunos defensores de los uniformados enjuiciados por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura? Terrible y por suerte imposible suposición que hubiera ubicado al colono de Rajil hecho escritor junto a los apologistas de los torturadores y desaparecedores que disfrutaban especialmente su trabajo cuando los atormentados eran hombres y mujeres israelitas; asesinos uniformados en fin, que continuaron y exacerbaron a fines de los ‘70 los torpes prejuicios iniciados por hombres como Brígido Cruz y el “amigo del ministro”.
Juan Pablo Angelone;
28 de mayo de 2010
GERCHUNOFF, GOLDMAN
Y EL BICENTENARIO
El escritor ucraniano por nacimiento y argentino por sentimiento, Alberto Gerchunoff publicó en 1910 su clásico Los gauchos judíos, un libro escrito en tono autobiográfico que propone una serie de relatos y estampas a veces un tanto idílicas, a veces no tanto, basadas en las vivencias infantiles y adolescentes del autor en Colonia Rajil, población de inmigrantes judíos afincados en Entre Ríos hacia fines del siglo XIX. La exaltación del primer centenario de la Revolución de Mayo es explicitada en el comienzo de la obra cuando el autor define al Himno Nacional Argentino como cántico de los cánticos y a la revolución de 1810 como pascua de liberación, ensayando una particular simbiosis entre el patriotismo criollo y las tradiciones de sus mayores, fusión ya sugerida en el título del mismo libro.
En una de estas narraciones -¿ficción o hecho real?- que más se alejan del canto optimista a la integración de los judíos en tierra argentina, Gerchunoff nos cuenta como el matarife Rabí Abraham, colono de Rajil, es injustamente acusado de robarle un caballo al propietario de una “reducida estanzuela” llamado Brígido Cruz, hombre terco que está convencido de la culpabilidad de Rabí Abraham. El matarife debe enfrentar también el prejuicio de un anónimo jefe político de Villaguay, “amigo del ministro”, quien también lo cree culpable. El texto, precisamente llamado Historia de un caballo robado, y de cuyo argumento no daremos más precisiones porque no es nuestro propósito hacer un resumen de algo que se puede leer placenteramente, finaliza con una referencia -sin llamarlo por su nombre- al antisemitismo. Dice Gerchunoff que a partir de esta desagradable experiencia, Rabí Abraham está vislumbrando el “comienzo de un período nuevo, que trasplanta al suelo argentino el juicio eterno sobre los hebreos”. Aun así, permitiéndose el optimismo dirá también nuestro escritor: “Yo quiero creer, sin embargo, que no siempre ha de ser así, y los hijos de mis hijos podrán oír, en el segundo centenario de la República, el elogio de próceres hebreos, hecho después del católico Tedeum, bajo las bóvedas santas de la catedral...”
Ya se ha consumado el famoso Bicentenario y el sueño de Gerchunoff se ha cumplido en parte, no en la Catedral de Buenos Aires sino en la Basílica de Luján, con el Tedéum ecuménico convocado por el gobierno nacional en ocasión de los festejos. Al respecto, queremos detenernos en la oración pronunciada en aquella ocasión por el rabino Daniel Goldman, quien aludió a algunos próceres hebreos no previstos por el autor de Los gauchos... -también nombrados en la oración- tales como el propio Gerchunoff, César Tiempo -poeta también ucraniano-argentino cuyo verdadero nombre era Israel Zeitlin- y César Milstein. Así, Goldman incluyó en la oración a nuestros pueblos originarios, a los padres de la patria, a los obreros muertos en la Semana Trágica de enero de 1919 -el retrato de Hipólito Yrigoyen habrá temblado en la Galería de los Patriotas fundada en la Casa Rosada para estas mismas fechas mayas-, a los desaparecidos y los soldados de Malvinas y a las víctimas de la Embajada de Israel y de la AMIA, amén de los anónimos pobres y excluidos. En ese sentido, la oración del rabino superó con creces las expectativas ecuménicas de un Gerchunoff que tal vez esperara las menciones de Moisés, los profetas bíblicos o Rabí Hillel.
No faltarán suspicaces respecto de la actitud que hubiera seguido Gerchunoff en caso de haber vivido estos tiempos, dados los ideales socialistas que se dice, profesó en su juventud, su filiación Demócrata Progresista de la madurez y su lejanía respecto de un peronismo al cual llegó a conocer -falleció en marzo de 1950, sin llegar a vivir otro centenario ilustre: el de la muerte de José de San Martín-. ¿Habría sido nuestro autor ajeno al Tedéum del kirchnerismo y hubiera preferido presentarse en el Tedéum opositor celebrado en la catedral porteña, engalanado por la presencia de algunos defensores de los uniformados enjuiciados por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura? Terrible y por suerte imposible suposición que hubiera ubicado al colono de Rajil hecho escritor junto a los apologistas de los torturadores y desaparecedores que disfrutaban especialmente su trabajo cuando los atormentados eran hombres y mujeres israelitas; asesinos uniformados en fin, que continuaron y exacerbaron a fines de los ‘70 los torpes prejuicios iniciados por hombres como Brígido Cruz y el “amigo del ministro”.
Juan Pablo Angelone;
28 de mayo de 2010
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